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Ser Pecador, Pecar y ¿Reconocerlo?

11 Feb 11 - 14:27

Ser Pecador, Pecar y ¿Reconocerlo?

de Alan J. Saldaña García, el Viernes, 11 de febrero de 2011 a las 14:22

El pecado es el acto que hace daño a nuestra relación con Dios, al amor. Se destruye o se aleja del amor divino que es el que da frutos, gracias y felicidad.

 

En la mayoría de los casos son daños no visibles en ésta vida, creemos que pecado es dañar a alguien directamente, físicamente,  notablemente.

 

                Y los demás que no se ve algún daño en ningún lado y yo siento que vivo feliz, le llaman muchas veces “amor”. “Mientras se amen, mientras nos amemos, es por amor, Dios es amor y por tanto…”. Son pues las principales razonamientos y excusas de las personas que caen y sobre todo viven plenamente éstos pecados que dicen ellos, no hacen daño, soy bueno por lo tanto no es pecado es amor.

 

                Es  pues pecado todo aquello que aleja y daña nuestra relación íntimamente de amor con Dios.

                Pero esto es solamente la introducción para entrar al tema que no es necesariamente el qué es pecado, sino el reconciliar y limpiar estas faltas.

 

                Siempre intentamos por cualquier medio defender algunos actos que cometemos o estamos cometiendo y que la fe en Dios nos dicen no son el camino correcto para llegar a Él,  pero cuando algún laico defensor de la verdad de Dios, algún sacerdote o religioso comete un acto pecaminoso el juicio es más que inquisitorio y destructivo.

 

                Queremos justificaciones y perdón, pero de estos hombres que vivieron plenamente a Dios y un día pecan verdaderamente su vida en Dios debe terminar, dicen muchos.

 

                No cabe duda que últimamente con el caso de un sacerdote exorcista que pecó en Estados Unidos y con el fundador de los legionarios de Cristo parece que no hay misericordia alguna, en un lado un sacerdote conservador que falló y pecó, pero que él mismo lo hizo público y se ha arrepentido y confesado y renuncio a sus cargos que tenía como dirigente en algunos grupos e instituciones él mismo, y ha hecho plena obedeciendo a su Obispo, más no por ello dejará  el ministerio sacerdotal y por otro un hombre que seguramente siguió a Dios, Dios lo utilizó como instrumento con cual escribió en una vida de líneas chuecas, pero que Dios escribió aun así de forma recta  y formó su obra divina y santa que es la Legión.

 

                Errores, pero que en un lado hay arrepentimiento y penitencia evidente y otra no la sabemos ni entraremos en ello.

 

                Pero que nos llega a lo siguiente:

 

                El pecado solamente destruye cuando perseveramos en él no cuando pecamos específicamente, la tentación nos agrándese porque vencemos al mal, al demonio que intenta alejarnos de Dios, del amor verdadero, nos hace entonces cada día más santos. Más si pecamos cualquiera que sea éste, y cualquiera vocación en la que estemos, seamos laicos o sacerdotes, y nos arrepentimos inmediatamente de ello o poco tiempo después o después incluso de años de verdad , nos confesamos y hacemos penitencia el pecado queda plenamente purificado y limpio, y no hay porque quedar marcado, y nosotros no debemos quedarnos con ese acto pasado sino con los hechos actuales y las obras de arrepentimiento y penitencia cumplidas y su vida actual, así estar juzgando a equis persona religiosa, sacerdote o laica, pariente, vecino o amigo que viva en este proceso de cambio en comunión con Dios debe quedar en ello en amor y no en odio y desprecio.

 

                Muchísimos santos llegaron a ésta conversión real y llegaron a la santidad, en los que más conocemos y sobresalen son San Francisco de Asís y San Agustín con un pasado lleno de excesos y actos  pecaminosos como una vida tan mundana y normal como cualquier otra que lograron como debemos todos nosotros encontrar el camino real y verdadero de la santidad y el amor.

 

                Debemos cambiar, reflexionar y arrepentirnos, pedir perdón y entrar de nuevo al camino del amor hacia Dios, por medio de la santidad que es encontrada a través del arrepentimiento y la caridad, el reconocer esos errores que lo son;  más que los tapemos de modernidad, buenos, no dañinos ni malos. Porque el amor que nos enseñan en occidente y creemos vivir o conocer no es científico ni literario es divino y viene solamente de Nuestro Padre.

 

                Es pues el pecado destructivo cuando se cree o se ve ya como bueno y no como lo que es pecado que mata y aleja de Dios, y no es destructivo cuando salimos de él y lo eliminamos de nuestra vida con actos de amor en la confesión y en la penitencia. Errores tendremos siempre en nuestra vida, la grandeza estará en el levantarse y no quedarse tirados (perseverando) en ese o esos pecados para siempre.

 

 Fuente: www.educaresamar.com

 

 

 

 

 

 

 


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